El coche rojo ha devuelto a David todos sus superpoderes

9 enero, 2013

Cuando David, que sufre parálisis cerebral, creció demasiado como para utilizar su coche de juguete, fue perdiendo energía poco a poco. Ahora, con once años, y gracias a un profesor de un grado de la escuela Jesuïtes del Clot, vuelve a tener un paseador que le permite ser más autónomo que la silla de ruedas.

¿Sabéis quién es Antonio? Es mi amigo, tiene mucho niños y me está construyendo el coche rojo”, explica David, un niño de once años con parálisis cerebral. Antonio es, en realidad, un profesor del ciclo de fabricación mecánica de la escuela Jesuïtes del Clot y sus niños son sus diez alumnos. La historia del coche rojo empezó en diciembre del año pasado con la petición radiofónica de una madre preocupada por su hijo y tuvo su final de ensueño a mediados de julio, cuando David pudo volver a subirse a un caminador en forma de coche rojo como el que había utilizado cuando era pequeño.

“David llegó al mundo demasiado pronto. Le fallaron los cálculos, porque al nacer antes de tiempo aún no estaba terminado”, explica dulcemente Mònica, su madre. La batalla de David por la vida empezó en la incubadora, donde permaneció durante cuatro meses, y desde entonces no ha dejado de luchar. “Como todo héroe que se precie, tenía un vehículo que le acompañaba en todas sus cruzadas”, relata la madre.

Para David, el coche rojo, el típico caminador infantil en forma de vehículo, no era un simple juguete. “Nos lo regaló un amigo y descubrimos que le daba mucha autonomía cuando aún era demasiado pequeño como para ir en silla de ruedas”, dice José Manuel Montesinos. Incluso pedimos un permiso especial en el parvulario para que David pudiera ir a la escuela en su coche y estar en el patio con él. Pero el niño creció y el coche se le quedó pequeño. “Perdía energía y necesitaba algo para recuperarla. El coche era una pieza importantísima en nuestras vidas porque era sus piernas”, explican los padres.

Mònica pidió ayuda a través del programa Tot és possible, de RAC1, para encontrar algún objeto similar que pudiera ayudar a su hijo y aportarle algo más de autonomía. Las primeras respuestas la derivaban hacia tiendas y centros para niños con necesidades especiales, pero eso era precisamente lo que los padres intentaban evitar. La suerte quiso que el profesor Antonio José López escuchara la emisora de vuelta de la fábrica donde trabaja y se interesara por la familia. “Oyendo las respuestas, vi que nadie entendía lo que Mònica quería. Ellos buscaban un juguete”, explica. Antonio propuso el proyecto al coordinador del ciclo de fabricación mecánica, que también vio posible realizarlo con los recursos de la escuela. Estábamos a principios de 2012 y David estaba ingresado en el Hospital Vall d’Hebron para una nueva operación cuando Antonio conoció a la familia y se ofreció para fabricar el coche.

Los alumnos de fabricación mecánica le dedicaron todo el curso. Tomaron las medidas de David, diseñaron el caminador y pidieron ayuda a algunos fabricantes para conseguir las piezas. A través de un blog en la red —La sonrisa de David—, el grupo fue explicando su experiencia y sus progresos en la construcción del coche.

Un proyecto con nombre y apellidos

“El proyecto tenía nombre y apellidos. No era necesario terminarlo para tener una nota, sino porque detrás estaban las ilusiones de un niño. Ha sido una experiencia muy bonita y todos nos hemos implicado al máximo”, dice Antonio, que explica que, durante el proceso, David, sus padres y sus hermanos visitaron las instalaciones de la escuela, lo que permitió que todos se conocieran mejor.

Finalmente, a mediados de julio, el coche rojo ya estaba terminado y la escuela organizó un acto. David estaba nervioso y esperó pacientemente todos los agradecimientos a Antonio —que este año deja de ser profesor porque la Administración ha recortado las subvenciones al curso— para poder ver definitivamente su nuevo caminador, que podrá utilizar como mínimo durante tres o cuatro años. En cuestión de pocos segundos, cambió la silla de ruedas por el coche y fue a probarlo en el patio de la escuela mientras su hermano pequeño conducía el caminador antiguo. “El coche rojo devuelve a David sus superpoderes”, aseguraron sus padres, emocionados.

LAURA DÍAZ-ROIG